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InsightsAgosto 2026

Tu mejor sistema de atención al cliente es la memoria de una persona

Ilustración: el comercial sostiene lo que sabe de cada cliente (quién pide de verdad, nombre comercial, pedidos habituales, preferencias)

Y nadie en tu empresa decidió que fuera así.

Hace unos meses, un distribuidor me contó cómo consiguió que sus clientes dejaran de llamar al fijo de la oficina para pedir. Lo intentó por las buenas durante meses. Al final desenchufó el teléfono.

Lo interesante no es eso. Lo interesante es que unos años antes había hecho exactamente lo mismo con la máquina de fax.

Tres canales en treinta años: fax, teléfono fijo, WhatsApp. Cada salto se vivió como una modernización. Y detrás de los tres, sin cambiar ni un paso, el mismo trabajo: una persona leyendo lo que llega, interpretándolo, y escribiéndolo a mano en otro sitio.

Cuando hablamos de cómo está cambiando la atención al cliente, merece la pena empezar por ahí. Porque el canal ha cambiado tres veces. El trabajo, ninguna.

El debate que ahora mismo no es el nuestro

Si buscas cualquier cosa sobre inteligencia artificial y atención al cliente, todo lo que vas a encontrar habla de lo mismo: cómo conseguir que el cliente no llegue a hablar con una persona. Chatbots, autoservicio, desvío de llamadas, reducción de tickets. El objetivo declarado es la eficiencia; el objetivo real, casi siempre, es que la conversación no ocurra.

Y los datos de este año dicen que está saliendo mal.

Un estudio de AnswerConnect sobre 6.000 consumidores en Estados Unidos, Reino Unido y Canadá comparó octubre de 2025 con abril de 2026: la preferencia por hablar con una persona real subió del 83% al 85%, y la frustración con los agentes automáticos pasó del 54% al 59%. El público concuerda con que debería de existir la opción de hablar con un humano, el 81% piensa que la IA se está usando para ahorrar costes, no para mejorar el servicio.

En marzo de este año, los responsables de atención al cliente de Booking.com explicaron que la compañía había preferido históricamente el autoservicio porque era lo más cómodo para la empresa, que los clientes acababan volviendo con el mismo problema porque el autoservicio no lo había resuelto, y que la conexión humana iba a ser el diferenciador.

Es raro que una empresa de ese tamaño diga eso en voz alta. Y para quien vende género a hostelería, es una conclusión que se sabe desde siempre.

Por qué en distribución esto funciona distinto

En la mayoría de los sectores, atención al cliente es un departamento. Alguien tiene un problema, escribe o llama, y hay un equipo cuyo trabajo es resolverlo. La relación es anónima y puntual: el que llama hoy probablemente no llamó nunca antes y no volverá a llamar.

En distribución de alimentación al canal HoReCa no funciona así, y la diferencia no es de grado, es de naturaleza.

Atender al cliente y tomarle el pedido son la misma tarea. No hay un departamento de soporte separado del flujo comercial: la persona que lee el WhatsApp del jefe de cocina es la que mete el pedido en el ERP, la que le avisa de que hoy no hay mango nacional, la que le recuerda que la semana pasada pidió lo mismo y le sobró, y la que recoge la queja de que la última entrega llegó tarde. Todo por el mismo canal, mezclado en la misma conversación.

La relación es recurrente y nominal. El mismo restaurante pide al mismo proveedor tres veces por semana durante quince años. No es un cliente, es un cliente con nombre, con manías, con un cocinero que se llama de una manera y un jefe de compras que se llama de otra.

Y el coste de un error no es una mala reseña. Como me lo resumió el responsable de una empresa de fabricación con red de distribución: un pedido que no le sirves a un cliente es un cliente que pierdes.

Puesto todo junto: en este sector la relación no es el envoltorio del producto. En buena medida es el producto. Con lo cual la pregunta "cómo evito que el cliente hable con una persona" no es solo la pregunta equivocada. Es la pregunta contraria.

Lo que este sector sí tiene, y a nadie se le ha ocurrido llamarlo así

En prácticamente todas las empresas con las que he hablado este último año, y van más de doscientas, existe la misma persona.

Se sabe de memoria a qué se refiere cada cliente. Sabe que cuando ese bar pide "las de siempre" son las croquetas de jamón, y que el número que acaba de entrar sin guardar en la agenda es el cocinero del restaurante que en el ERP está dado de alta con otra razón social. Sabe que el cliente que en la factura se llama "Tres Amigos, S.L." es el bar de Perico, y que Perico no se llama Perico.

Sabe cuál de los tres teléfonos de esa empresa es el que manda los pedidos de verdad, porque facturación tiene uno, compras tiene otro, y ninguno de los dos pide nunca nada.

Esto no es atraso. Es oficio. Es un nivel de personalización que ninguna multinacional puede comprar y que ningún software ha sabido replicar en treinta años. La atención al cliente en este sector nunca ha sido mala. Ha sido extraordinaria.

El problema es otro, y es el que se dice en voz baja: esa calidad no es transferible.

No está documentada en ningún sitio. No está en el ERP, porque el ERP guarda razones sociales y códigos de artículo, no alias ni costumbres. No hay copia de seguridad. Y se va de vacaciones.

La frase que mejor lo resume me la dijo un director de soporte hablando de la persona que gestiona los pedidos en su oficina. Primero, con admiración sincera: es una máquina y se lo sabe todo. Y dos minutos después, con otra cara: si un día se pone enferma y le toca a otra persona descifrar todo esto, eso es un riesgo.

Las dos frases son verdad al mismo tiempo. Y nadie en esa empresa decidió montarlo así. Simplemente pasó, como pasó con el fax y como pasó con el fijo.

Entonces, ¿dónde se sienta la IA?

No en la conversación. En la transcripción.

La distinción parece pequeña y decide el resultado entero. El valor de esa persona que se sabe los mil quinientos clientes no está en teclear. Está en saber. En reconocer, interpretar, anticipar, avisar, y en tener una relación con alguien al otro lado que lleva años pidiéndole lo mismo los martes.

Lo que le come el día es lo otro: abrir conversación por conversación, leer, deducir, y volver a escribir en otra pantalla algo que ya estaba escrito. Cuatro o cinco horas diarias, según lo que me cuentan, sin margen de error.

El mismo director de soporte lo dijo con una precisión que no he sabido mejorar: si la información me llega ya estructurada, lo único que tengo que hacer es revisar que esté correcta. No tengo yo que crear, revisar, ver, mirar.

Eso es todo el cambio. Pasar de crear a revisar. La persona no desaparece del proceso, deja de ser el cuello de botella del proceso. Y su conocimiento, que hasta ahora vivía solo en su cabeza, empieza a quedarse en algún sitio: cada corrección que hace enseña qué significa "las de siempre" para ese cliente concreto, y eso deja de irse de vacaciones con ella.

Y la parte que casi nadie está mirando

Hay una consecuencia de todo esto que se pasa por alto y que a mí es la que más me interesa.

Cada uno de esos mensajes contiene información comercial de primer nivel. Qué pide cada cliente. Cada cuánto. En qué formato lo pide y a qué hora. Qué dejó de pedir en marzo y no ha vuelto a pedir. Qué cambia cuando cambia la temporada. Quién está pidiendo menos sin haberse quejado nunca.

Hoy, en la mayoría de las empresas, eso se evapora. Se lee, se teclea, se sirve, y la conversación se queda en un hilo de WhatsApp que nadie va a volver a abrir. Lo que llega al ERP es el resultado: un pedido con sus líneas. Todo lo que había alrededor, que es donde estaba la información, se pierde.

Y aquí hay un dato que descoloca. El B2BEST Barometer 2025 apunta que el 63% de los mayoristas ya considera la inteligencia artificial extremadamente relevante y que el 74% va a subir presupuesto en 2026, pero que más de dos tercios, el 68%, no mide de forma sistemática el retorno de lo que ya ha implantado. Se está invirtiendo porque hay que hacer algo con la IA, no porque haya un caso de negocio detrás.

Nos parece que el caso de negocio está justamente ahí. La atención al cliente en distribución HoReCa no es un centro de coste que haya que optimizar. Es la fuente de información comercial más rica que tiene la empresa, y se está tirando a diario.

Por eso, cuando hablamos de lo que hacemos, no lo llamamos automatización de pedidos. Lo llamamos inteligencia comercial. Procesar el pedido es el paso que hay que dar para llegar a lo otro.

El siguiente canal ya viene

WhatsApp no es el último. Después del fax vino el fijo, después del fijo vino WhatsApp, y en algún momento vendrá otra cosa que ahora mismo no sabemos nombrar.

Así que la pregunta útil no es por qué canal os van a pedir el año que viene. Es si lo que pasa en ese canal se va a seguir quedando dentro de la cabeza de una sola persona.

Porque eso, y no el canal, es lo que lleva treinta años sin cambiar.

En NEXO trabajamos con distribuidores del canal HoReCa sobre exactamente este problema. Si algo de lo de arriba os suena a vuestra oficina, escribidnos.

Rocío Salima KoueiderEscrito porRocío Salima KoueiderCOO y cofundadora de NEXO

Fuentes

  • AnswerConnect, 2026 AI Customer Service Attitudes Report (OnePoll, 6.000 consumidores en EEUU, Reino Unido y Canadá), abril-mayo 2026.
  • Declaraciones de responsables de atención al cliente de Booking.com, marzo 2026.
  • B2BEST Barometer 2025 (pendiente de verificar en fuente original).
  • Conversaciones propias con más de 200 proveedores del canal HoReCa, 2025-2026.
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